A Daniel

Te levantaste temprano para ir a la conferencia. Yo me quedé remoloneando en

la habitación. Esa fue la última noche que pasamos juntos en un hotel. Siempre

nos gustaron los hoteles: las sábanas blancas, la complicidad, la cercanía.

Seis meses después dormías entre sábanas rojas, pero ya no despertaste. Yo

no estaba. Hice 14.200 kilómetros para venir a buscarte.

Tu muerte me dejó tan dislocada, con días en los que la tristeza no me deja

estar en ninguna parte. A veces voy a dormir a un hotel para calmarme, como si

allí pudiera alcanzarte un poco.